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Argentina: doscientos años de soledad, por Tomás Eloy Martinez

Doscientos años de soledad

Doscientos años de soledad- TOMÁS ONDARRA

Comentário: Ùltimo artigo do escritor argentino no El Pais, que faleceu em 31-01-10, um artigo devastador sobre o bicentenário (2010) da Argentina, traçando as linhas entre a ficção e a realidade do imaginário de seu país, palavras feito navalha na carne:

¿Argentina es una potencia o una impotencia, un destino o un desatino, el cuello del tercer mundo o el rabo del primero?

¿Cómo imaginar el futuro inmediato entre las brumas de un país a la deriva?

Arrisco dizer, embora estejamos num momento de espíritos crescentes do orgulho brasileiro, se tem muita semelhança com a elite brasileira do século XIX e XX. Elite esta que se deseja ver diluida e em transformação neste século XXI, mas desejo não é a realidade, ainda.

Sds

El Pais, Argentina: doscientos años de soledad

La Argentina se ha ido tornando impredecible, un enigma ante el que se estrellan todas las respuestas. ¿Cómo imaginar el futuro inmediato entre las brumas de un país a la deriva?

TOMÁS ELOY MARTÍNEZ 29/10/2009

Historia no es sólo aquello que se cuenta del pasado; es también, y a veces sobre todo, el relato de lo que se omite, de lo que queda en los márgenes. En mayo de 1910 Argentina celebró el primer centenario de su emancipación de la Corona española. Pocos meses después, el adolescente Juan Domingo Perón fue llevado por su abuela paterna al Colegio Militar de la ciudad de San Martín, donde estudió amparado por una beca de misericordia. Venía de un hogar inestable, errante, y en el colegio descubrió el único modelo de familia que conoció en la vida. Se dijo que si aquello era bueno para él, también debía ser bueno para el país.

Con esa escena empieza el siglo XX en Argentina. Tres décadas más tarde, cuando alcanzó el poder, Perón puso en práctica las lecciones de disciplina y orden que había aprendido en la milicia. Organizó el país en torno a la figura de un líder fuerte, carismático, cuya palabra era ley. Si bien esos dictámenes dependían de la aprobación de instituciones formales, como las dos cámaras del Parlamento y las cortes de justicia, las instituciones respondían por lo general a los designios del líder. A ese modelo jerárquico y autoritario pueden atribuirse las alternancias civiles y militares que se sucedieron a partir de 1955 y que cerraron el camino a todos los proyectos de desarrollo. Desde entonces Argentina se convirtió en un campo de batalla entre facciones que se disputaban fragmentos de poder y que obedecían, todas ellas, a diferentes caudillos únicos intolerantes con las ideas de los otros. Cada uno de esos caudillos, a su turno, fue debilitando las instituciones, estimulando formas de corrupción cada vez más sofisticadas y más sometidas a la voluntad de quien estuviera al mando.

El peronismo domina la política argentina aun desde antes de que Perón regresara de su exilio en Madrid en 1973. Con el paréntesis de las dictaduras militares -que trataron, en vano, de aniquilarlo- se ha mantenido en el poder de una manera u otra hasta hoy y es posible que siga prevaleciendo durante otras dos o tres generaciones. Nadie, sin embargo, sabe con certeza qué es el peronismo. Y porque nadie sabe qué es, el peronismo expresa el país a la perfección. Cuando un peronismo cae, por corrupción, por fracaso o por mero desgaste, otro peronismo se levanta y dice: "Aquello era una impostura. Este que llega ahora es el peronismo verdadero". La esperanza del peronismo verdadero que vendrá está viva en Argentina desde hace décadas, como si se tratara de un imposible Mesías que iluminará el fin de los tiempos, cuando el país recuperará la grandeza de una vez para siempre.

Argentina, así, se ha ido tornando impredecible, un enigma ante el que se estrellan todas las respuestas. ¿Cómo imaginar el futuro inmediato, la celebración del segundo centenario de la independencia entre las brumas de un país a la deriva? Las instituciones siguen inestables. A diferencia de lo que sucede en Chile y Brasil, cuando un gobierno sustituye a otro, los técnicos y los cuadros medios del gobierno que se va son desalojados y reemplazados por funcionarios promovidos menos por sus méritos que por afinidad de intereses con el caudillo de turno. Así se derriban proyectos elaborados durante años, se ponen a prueba otros y las buenas experiencias acumuladas se derrochan. El seleccionado argentino de fútbol es una eficaz metáfora del país. Algunos de sus jugadores se cuentan entre los mejores del mundo y los clubes europeos pagan fortunas para tenerlos en sus planteles. En Europa deslumbran pero en Argentina fracasan. Se pasean desorientados por los campos de juego, después de que demasiados entrenadores les han dado directivas opuestas. La grandeza está en la imaginación de todos. Nadie parece resignarse a los límites de la realidad.

También el periodismo pierde la calma. Si el gobierno se crispa, si los humores se enardecen, el periodismo lo imita: se divide en facciones efervescentes, sordas a las razones de los bandos opuestos. El periodismo debería releerse a sí mismo. Muchos de los intereses y principios que defiende y predica hoy son inversos a los que defendía ayer.

A partir de lo que aparece ahora en la superficie de los hechos se vislumbra la silueta de un futuro más bien opaco, que en nada se asemeja al del primer centenario. En 1910 el gran Rubén Darío escribió un largo "Canto a la Argentina" impregnado de una imbatible fe en el futuro. "¡He aquí la región del Dorado, he aquí el paraíso terrestre,/ he aquí la ventura esperada!" La voz del gran Juan Gelman se oscurecía en 2004 al entonar su propio canto a la Argentina: "Cuando el dolor se parece a un país / se parece a mi país. Los/ sin nada envuelven con/un pájaro humilde que/ no tiene método".

En toda la despoblada extensión de Argentina se oyen tambores de guerra. La batalla por conservar el poder o por arrebatarlo es a vida o muerte. Sindicatos adictos al gobierno contra sindicatos adversarios; piquetes contra piquetes. Las calles de las grandes ciudades han entrado en ebullición. La justicia se mueve a paso lento, tratando de proteger las instituciones. Gracias a la justicia, el mejor legado del gobierno Kirchner no se ha perdido en el polvo de las reyertas. Los imperdonables crímenes de la dictadura, los robos de recién nacidos en cautiverio, las torturas despiadadas, los vuelos con prisioneros a los que se arrojaba vivos en el océano y en el río de la Plata, no van a quedar ya sin condena y sin memoria.

Que se haya recuperado la dignidad vuelve aún menos explicable que la educación agonice degradada en sótanos de negligencia que medio siglo atrás parecían imposibles. La influencia de la Iglesia, que ha sido siempre un poderoso factor de regresión e intolerancia, no cesa de crecer. La prédica de los últimos tiempos trata de llamar la atención sobre el escándalo de la pobreza, pero no recuerda que por la pobreza mueren cientos de madres adolescentes en abortos clandestinos y que la mortalidad infantil supera el trece por mil.

Todos los diagnósticos sobre Argentina del futuro inmediato son pesimistas, porque el país pone sus esperanzas muy en alto, evoca las grandezas del pasado y sigue creyendo en una superioridad que las dictaduras militares convirtieron en polvo.

Vale la pena entonces, volver los ojos y preguntarse dónde está ahora Argentina. ¿En qué confín del mundo, centro del atlas, techo del universo? ¿Argentina es una potencia o una impotencia, un destino o un desatino, el cuello del tercer mundo o el rabo del primero?

Siempre se creyó que Argentina estaba en un sitio distinto del que le habían adjudicado la geografía, el azar o la historia. Pero nunca hubo tanto divorcio entre la realidad y los deseos como en estos últimos seis años. Ya en 1810 una de las obsesiones argentinas era alcanzar la grandeza. Lo que ahora obsesiona al país es el miedo a la pequeñez. Para evitar ese derrumbe, se oye repetir una y otra vez: Somos grandes, estamos entre los grandes. La única lástima es que los grandes no se dan cuenta.

"Estamos llamados a iniciar una nueva era", escribía Juan Bautista Alberdi en 1838. Y después Sarmiento, Mitre, Martí, Roca, Darío: todos se sumaron al coro, todos esperaban que la grandeza se manifestara de un momento a otro. ¿Dónde estábamos entonces, en qué lugar? Éramos un inagotable cuerno de la abundancia: los ganados y las mieses se derramaban por los costados.

Hacia 1928, las estadísticas señalaban que Argentina era superior a Francia en número de automóviles y a Japón en líneas de teléfonos. A fines de 1924, el poeta nacional Leopoldo Lugones proclamó que los militares eran los "últimos aristócratas" del espíritu y les exigió que, espada en mano, ejercieran su "derecho de mejores", con la ley o sin ella y emprendieran cruzadas para imponer un "orden nuevo". Las sucesivas cruzadas de los "aristócratas del espíritu" -que culminaron en la guerra de las Malvinas, en los campos de concentración de la dictadura y en los cementerios de desaparecidos-, precipitaron el país en un desastre para el que todavía busca salida.

Pertenecer a lugares a los que sólo Argentina cree pertenecer; imaginarse árbitro, mediador, factor de decisión en pleitos a los que no ha sido invitada: tales son las antiguas maldiciones de la nación, los signos alarmantes de un destino descolocado. Los países del primer mundo se distinguen, a grandes rasgos, por tener seguros de desempleo, escasa o nula mendicidad, bajísimo índice de mortalidad infantil, educación laica, gratuita y obligatoria. Y trenes. Sobre todo trenes. Los trenes (más que cualquier otro medio de transporte) son el termómetro de cuándo un país anda bien y cuándo no. Vaya a saber por qué, pero la modernidad se mide a través de vagones puntuales, frecuentes y limpios, como lo descubrieron los alemanes del este cuando cayó el Muro y pudieron viajar, deslumbrados, en la segunda clase del expreso Francfort-Hamburgo.

Mucha de la infelicidad argentina nace de una lección que la realidad siempre contradice. A los niños se les enseña en las escuelas que son hijos de un país grande acechado por desgracias de las que no es responsable. Nunca le será fácil alcanzar la dicha a un país que cree tener menos de lo que merece y que desde hace décadas imagina que es más de lo que es. "¿Cómo se vive allá, en América Latina?", me preguntaba un amigo cuando volví del exilio. Argentina no estaba, entonces, en América Latina sino en ninguna parte: ni en el continente al que pertenecía por afinidad geográfica ni en la Europa a la que creía pertenecer por razones de destino. Estaba, como quien dice, en el aire. Lo peor es que cuando tenga que bajar, no sabrá dónde.

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Tags: argentina, tomáseloymartinez

ContiBosso Comentário de ContiBosso em 27 março 2010 às 11:51
Brasil e Argentina aparando as arestas

Por Romulo Sá

Nassif,

Para o diálogo com a China é preciso, em primeiro lugar, aparar os bigodes Brasil x Argentina. Estamos no caminho. É que noticia o Página 12 (Argentina):

Frente común con Brasil para responder a China

Para impulsar la integración productiva entre Argentina y Brasil, el banco de desarrollo brasileño (BNDS) y el Banco Nación están trabajando en conjunto para lanzar una línea de crédito a tasa subsidiada. “Vamos avanzando cada vez más. Este año deberían ponerse en marcha los proyectos”, adelantó a Página/12 el secretario de Industria, Eduardo Bianchi, quien encabezó la delegación que viajó a Brasilia en el marco de los encuentros bilaterales mensuales. Además, empresarios pyme de ambos países harán en conjunto una misión comercial a China con el objetivo de promocionar las exportaciones al gigante asiático. El convite bilateral redujo el componente conflictivo por las restricciones comerciales entre ambos socios.

Los encuentros continúan hoy con el comité automotor y el de defensa comercial, pero las conclusiones más salientes tuvieron lugar ayer durante las reuniones del comité de monitoreo comercial y de integración productiva. En líneas generales, el primero se perfila hacia la política comercial “ofensiva” y se percibió conformidad sobre la marcha del comercio bilateral. En tanto, el encuentro de integración presentó avances en los sectores a priorizar y los instrumentos financieros disponibles, aunque el proceso es lento debido a la complejidad de intermediar entre empresarios de ambos países y armonizar las regulaciones financieras.

El clima en las reuniones bilaterales mejoró en función del repunte económico, que permitió relajar las restricciones comerciales. De hecho, el comercio bilateral creció un 44 por ciento en el primer bimestre en forma interanual. La mayor competitividad de la industria brasileña por su mayor escala de producción y efectivas políticas públicas mantenidas a lo largo de varias décadas incide en la preferencia del vecino por relajar los controles comerciales.

Sin embargo, el presidente de la Comisión Nacional de Comercio Exterior, Alejandro Barrios, quien participó de la reunión de comercio bilateral, apuntó a este diario que Brasil “no pide la liberalización, sino que Argentina cumpla los 60 días reglamentarios para que se liberen las licencias no automáticas”. En Industria indican que las demoras son sólo “deficiencias administrativas”. “En ambos países hay sectores con problemas, pero luego de estas reuniones donde se plantean los inconvenientes, la solución aparece rápido. Eso fue reconocido por las dos partes”, agregó Barrios.

Por otro lado, los gobiernos buscan impulsar la integración productiva, para lo cual el BNDS y el Banco Nación están trabajando en el Fondo de promoción bilateral, que financiará proyectos de empresas de ambos países. “El instrumento será, seguramente, el del crédito a tasa subsidiada”, adelantó el secretario Bianchi. Según apuntaron fuentes de Industria, los sectores sobre los que se hará especial hincapié son vinos, madera y muebles y proveedores de empresas petroleras. En relación con este último, Bianchi aseguró que “para la Argentina es un sector estratégico”. Además, durante la reunión se presentó el relevamiento que cada gestión hizo de todas las líneas financieras actualmente disponibles.

Bianchi estimó que “este año debería ponerse en marcha el proceso de integración utilizando los instrumentos sobre los que se está trabajando”. Uno de los inconvenientes que dilatan los tiempos son las regulaciones financieras de ambos países, que se están buscando armonizar para lanzar las líneas crediticias bilaterales.

El panorama comercial se completó con definiciones sobre la relación de ambos países con China. Por un lado, se están articulando medidas defensivas, para que Argentina no pierda mercado en Brasil a manos asiáticas y viceversa. Se intercambió información y a partir de allí se lanzarán medidas antidumping y precios testigo. Por otro lado, las delegaciones se plantearon complementar la estrategia comercial defensiva con un plan “ofensivo”, que supone la promoción conjunta de exportaciones. Uno de los puntos salientes que se acordaron ayer fue la misión en conjunto de empresarios pyme que viajará a China a mitad de año. Los sectores locales que estarían en condiciones de competir frente al modelo de producción chino de alta competitividad por bajos salarios –según indicó Bianchi– son “principalmente nichos como los agroindustriales: cuero y vino, por ejemplo”.

Informe: Javier Lewkowicz.

Fonte: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-142679-2010-03-26.html

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